“A mí la docencia me hace sentir vivo”

“A mí la docencia me hace sentir vivo”

Para el M.Sc. Melvin García ser profesor es una oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo. En este artículo platicamos sobre su trayectoria docente.

Cada proyecto que coordina el M.Sc. Melvin García lleva su sello: meticuloso, perfeccionista y profundamente comprometido con la formación académica. Él es licenciado en Sistemas de la Información y cuenta con una Maestría en Negocios Electrónicos, ambas obtenidas en Universidad Galileo. Además, suma una Maestría en Docencia Superior por la Universidad del Valle de Guatemala y actualmente se encuentra en proceso de publicación de su tesis doctoral en una universidad en Chile. 

“Todas estas certificaciones me han permitido construir lo que hoy soy”, afirma. Recientemente fue electo presidente de ISACA® Capítulo Guatemala, organización que reúne a profesionales de auditoría, ciberseguridad, riesgo y gobierno de TI. 

Su objetivo al frente de esta entidad es claro: “Queremos contar con más miembros, que más guatemaltecos se unan y que esto genere valor no solo para ellos, sino también para las organizaciones”, explica. ISACA®, la Information Systems Audit and Control Association, es una institución internacional que promueve metodologías y certificaciones en auditoría y control de sistemas de información. 

El M.Sc. García es el director de la Maestría en Gestión del Cambio Digital, de la Maestría en Gestión y Dirección de Proyectos y del Posgrado en Auditoría de Sistemas. A continuación contesta algunas preguntas para conocer mejor su trayectoria docente. 

¿CUÁNDO EMPEZÓ A DAR CLASES? 

En 1999 empecé como auxiliar aquí en Galileo. Al principio trabajé ad honorem porque aún no me había graduado y lo que quería era aprender. Luego, en 2001, pasé a dar clases en el Instituto de Educacion Abierta (IDEA) y, posteriormente, en la Facultad de Ingeniería de Sistemas, Informática y Ciencias de la Computación (FISICC), me pidieron que fuera auxiliar en un curso de Assembler. Acepté, aunque les advertí que no sabía nada. 

Esa misma noche fui a la biblioteca a investigar y recopilar información. Pasé toda la noche estudiando, leyendo y repasando, y al día siguiente, cuando tocaba realizar el laboratorio, ya lo tenía preparado. Me dijeron: “¿Por qué decís que no sabés si sí sabés?”. Esa experiencia ayudó a que los estudiantes se acercaran más a mí para que les explicara.

 Dos años después, el profesor titular tuvo que retirarse a medio semestre y entonces yo asumí la responsabilidad de la cátedra. Desde ese momento, comenzaron a nombrarme como catedrático. 

¿PODRÍA MENCIONAR UN PAR DE RETOS IMPORTANTES QUE HAYA TENIDO COMO CATEDRÁTICO? 

Creo que hay dos que han sido muy significativos en mi vida profesional. El primero fue tener a un estudiante con habilidades especiales. Él tenía dificultades para escribir y tampoco podía hablar con facilidad. Cuando llegó el momento de los parciales le dije: “No quiero hacer un examen especial para ti, pero lo que sí haremos es que lo realizarás en computadora, en el laboratorio”. 

De él tuve que aprender, porque realmente no tenía experiencia con un alumno así. Había que apoyarlo para que tuviera el mismo conocimiento que los demás. El segundo caso también fue un gran reto. Estaba dando la clase de Programación y, de repente, escuché que alguien repetía todo lo que yo decía. Pensé: “¿Y este qué le pasa? ¡Qué insolente!”. Pero resultó ser un muchacho con problemas de concentración que necesitaba repetir lo que escuchaba para escribirlo y luego trabajar en los laboratorios; de lo contrario, no podía avanzar. 

Después de las clases nos quedábamos ayudándolo. Logró graduarse y ahora trabaja como profesional en la SAT. Es una persona que realmente nos marcó y creemos que nosotros también lo marcamos a él. Actualmente es un muy buen amigo mío. 

ENTONCES, ¿SER PROFESOR TAMBIÉN IMPLICA ADAPTARSE A CADA CASO? 

Sí, totalmente. No se puede impartir las clases igual para todos. Se debe analizar al grupo que nos toca cada ciclo; cada uno es distinto. Creo que la docencia requiere mucha pasión. Siempre digo que soy docente de corazón, no de profesión. 

Considero firmemente que la docencia ofrece muchas retribuciones que ningún salario puede dar. Una de ellas es ver crecer a los estudiantes; lo que uno contribuye es lo realmente importante. 

¿CUÁL ES LA MÁS GRANDE SATISFACCIÓN PARA USTED COMO PROFESOR? 

A mi la docencia me hace sentir vivo. Hay periodos del año en los que no doy clases y me entra una especie de desesperación; me pregunto: “¿Y ahora qué voy a aprender?”. Dar clases es bonito porque uno es quien más aprende, y lo mejor es que le pagan a uno por aprender. 

Cuando no doy clase, siento que me falta algo. Obviamente hay momentos en los que uno se desespera porque algunos alumnos son particulares, pero eso mismo hace que uno cambie la estructura y la forma de impartir la clase, para llegar a esos estudiantes y a ese grupo específico. A veces hacen preguntas que no puedo contestar. Yo les digo: “No puedo responder ahorita, pero prometo que la próxima semana respondo”. 

Eso me obliga a investigar y regresar con información. Por otro lado, los alumnos ahora están muy bien informados, por lo que en ocasiones cuestionan lo que uno dice. Eso enriquece la clase porque permite comprender tanto el contexto que vive el estudiante como el que vive el docente.

| Revista Galileo| febrero 2026 |
Etiquetas: Edición 44,

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