La fiesta de Todos los Santos

La fiesta de Todos los Santos

Guatemala celebra, como todos los años, las fiestas de Todos los Santos y Fieles Difuntos.  Sin embargo, estas fiestas tienen un marcado contenido laico que, pocas veces, está relacionado con las celebraciones católicas que le dieron origen, así lo demuestra el platillo por excelencia de la fecha, el fiambre, y la costumbre de volar barriletes.

Cuando los castellanos conquistaron el territorio e impusieron el catolicismo dieron origen a un sincretismo religioso que no ha detenido su cauce aún en el siglo XXI.  Entre las manifestaciones más claras del catolicismo oficial se encontró el calendario litúrgico, con fiestas que debían celebrarse en fechas específicas.  Así, el 1 de noviembre era la fecha establecida para conmemorar a todos aquellos cristianos que habían llevado una vida ejemplar aunque no fuese documentada ni llevada a los altares como modelo de imitación (como por ejemplo todos los mártires que sucumbieron en las persecuciones de los primeros 300 años del cristianismo). A su vez, el 2 se celebraba a los difuntos que murieron confesando su fe con la esperanza de la resurrección prometida por Cristo.  De acuerdo con los sacerdotes, las fiestas debían incluir la eucaristía. Sin embargo, aunque las fiestas aún se celebran, lo más frecuente es observar celebraciones familiares en las que se degusta un platillo particular, único en el mundo, el fiambre.

Esta comida está relacionada con un concepto cultural propio de Guatemala, denominado por las antropólogas que lo identificaron entre 1970 y 1975, como el síndrome frío caliente.  Este fenómeno atribuye propiedades a los alimentos que se ingieren.  Para un guatemalteco, el pescado es frío.  No importa que salga de la sartén o el horno, a una alta temperatura, es frío.  En contraparte, el chile es caliente, aunque esté siendo extraído de una refrigeradora.  Este concepto es una herencia de la cultura maya.  Cuando una persona está trabajando, se considera que está caliente y, por lo tanto, necesita alimentos calientes, de preferencia hechos de maíz, como las tortillas y el chile (la verdadera comida según los mayas antiguos y contemporáneos – como aclaración: debe recordarse que una persona maya es aquella que habla un idioma maya, cholano los constructores de Tikal, k’iche’; kaqchikel u otro, en la actualidad).  Este concepto se fusionó con la teoría de los humores que estaba vigente en el Renacimiento español.

De ahí proviene la costumbre de consumir alimentos fríos en días de descanso, como ocurre el 1 y 2 de noviembre.  En añadidura, la comida debía hacerse en presencia de los restos de los difuntos amados, cerca de sus sepulturas.  Es importante señalar que, durante la dominación hispana, los difuntos de familias acomodadas eran sepultados en el interior de los templos (los subterráneos como los que se pueden visitar en La Antigua Guatemala y en todos los templos de ese período).  La gente común era enterrada en cementerios adyacentes a los templos.  En muchos pueblos, la gente común era sepultada en los atrios, en tierra sagrada o campo santo.  Por esa combinación, de fecha en la que no se trabajaba y se estaba “frío”, sumado a la necesidad de comer en la proximidad a la tierra, lo más conveniente era comer algo frío: verduras, que tienden a ser “frescas” y carnes frías (el cerdo es particularmente un animal considerado frío porque gusta de los charcos y el lodo).  Para evitar un exceso de “frío”, lo mejor era combinar la comida fría con una bebida caliente, generalmente un licor.

Cabe destacar que, durante la dominación hispana, la comida en los templos era impensable y algo similar debió ocurrir en los atrios, por lo que no existen suficientes referencias que permitan ubicar la existencia del fiambre entre los siglos XVI al XVIII.  Sin embargo, en 1829, los gobiernos liberales iniciaron la expulsión de sacerdotes.  Con esto, las personas quedaron a su criterio para reinterpretar las actividades religiosas.  Por otra parte, fue hasta el gobierno liberal posterior a 1871 que se hizo obligatorio sepultar a los difuntos en cementerios situados fuera de los límites de las poblaciones, por lo que se seleccionaron los campos santos más cercanos, por lo general templos elevados dedicados a calvarios.  Además, los calvarios ofrecían otra ventaja.  Al estar elevados, los aires de los cadáveres o miasmas, como se pensaba en el siglo XIX, eran llevados lejos de las personas vivientes.  En ese período se estableció el fiambre en forma definitiva, en la parte central del país y, poco a poco, se fue extendiendo al resto del país.  El privilegio fiscal que gozaba una empresa estadounidense de ferrocarriles y plantación de banano permitió que se introdujeran los primeros alimentos enlatados a finales del siglo XIX, lo que enriqueció el platillo.  La posibilidad de comer en compañía de los difuntos ya no estaba limitada, pues los cementerios eran laicos y se podía realizar la comida en ese lugar.  Esto arraigó el fiambre.

Además, fue por esa época que se introdujo otra innovación.  Desde mediados del siglo XIX llegaron al territorio guatemalteco personas de origen chino.  Probablemente fue parte de la migración que llevó a miles de personas a California para la construcción de vías férreas y, una vez consideradas las malas condiciones de vida en ese lugar para los asiáticos, muchos de ellos prefirieron emigrar más al sur.  Estas personas trajeron la técnica para elaborar las cometas de “papel de china”.  Los primeros habitantes de origen chino se establecieron en poblaciones de la costa del Pacífico y entraron por los puertos de Champerico y San José.  El tiempo ideal para volar las cometas en Guatemala es en noviembre, cuando soplan los vientos producidos por ondas frías procedentes del norte.  Al parecer, la costumbre tuvo su origen cuando algunos niños y jóvenes, imitando las cometas chinas crearon barriletes y buscaron los lugares más elevados para volarlos.  Esto coincidió con los calvarios. En la segunda mitad del siglo XIX se produjo otro sincretismo.  Adquirió una simbología religiosa el hecho de elaborar los barriletes sobre las tumbas de seres queridos y se interpretó el vuelo como una forma de enviar saludos a los difuntos por medio de “telegramas” (el telégrafo llegó a Guatemala en la misma época).  Los telegramas eran trocitos de papel con mensajes escritos que se hacían subir por medio del cable o hilo por el que se manipulaba el barrilete.

De manera que, al finalizar el siglo XIX Guatemala contaba con dos tradiciones más: el fiambre y el vuelo de barriletes, ambos para conmemorar a los difuntos y demostrarles que no se les olvidaría nunca, sino que serían siempre parte integral de la familia.  Las recetas y compras pueden hallarse y hacerse por vía electrónica en la actualidad, pero la tradición arraigada en la cultura guatemalteca sigue vigente y miles de guatemaltecos hoy, como hace generaciones, degustarán el platillo y volarán barriletes, tal vez olvidando su origen pero manteniendo viva esa unión con los antepasados.

Por: Dr. Anibal Chajón, investigador y catedrático de Historia en la Facultad de Ciencias de la Comunicación (FACOM).

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| 1 noviembre, 2011 |